posturas yin yoga

Yin yoga: ¿qué es y cómo se practica?

El yin yoga es un estilo relativamente moderno que cada día tiene más adeptos. Se incluye dentro del hatha yoga es decir, el yoga físico (el de las posturas, para entendernos) pero también bebe de la filosofía tradicional china. 

El yin yoga tiene sus propias reglas. ¿Quieres conocerlas? Adelante. 

 

¿Qué es el yin?

Al oír la palabra yin, seguramente pensemos en el símbolo del yin yang. Este ideograma nos remite a la dualidad de todas las cosas, a los opuestos que, por otro lado, se necesitan y complementan. Hay yin en el yang, y viceversa. De ahí el pequeño punto blanco en la parte negra y su contario. 

Lo que se considera yin, o yang, puede ser un tanto abstracto. Yin es el frío, la oscuridad, lo pasivo, lo femenino, la tierra. Por otro lado el movimiento, brillo, calor, lo masculino y el cielo serían cualidades yang.

No pueden existir el uno sin el otro. Se oponen, pero también se necesitan y complementan. Por supuesto, ninguno es mejor.

Ahora podemos entender que nuestra manera habitual de ejercitarnos es muy yang. Pero no solo eso, el mundo en el que vivimos también lo es.

 En nuestra sociedad se premia la productividad, la acción, y conceptos como «rendirse» o «pasividad» están denostados. 

 

yin yang yin yoga yoga

 

 

Cuando aplicamos este concepto al cuerpo humano y al yoga, dividimos nuestros tejidos en yang (músculos, sangre…) y yin (tendones, ligamentos, fascia…). Los tejidos yang se ejercitan… de manera yang; ya la conocemos: repeticiones, movimiento, ir al límite. 

Necesitamos un equilibrio entre ambas energías para que todo funcione de manera orgánica. Claramente, eso no ocurre. Ni en el mundo que nos rodea, ni en nuestro modo de vida ni en la forma en que entrenamos nuestro cuerpo.

Pero… ¿qué ocurre con los tejidos yin? Son los grandes olvidados. Si les metemos una presión tipo yang, acabaremos lesionados. El yin yoga se encarga de trabajarlos. ¿Cómo lo hace?

 

Principios del yin yoga.

Este estilo tiene tres reglas fundamentales muy características que lo diferencian de cualquier otro tipo de yoga.

1.Para en la primera resistencia.

Aquí no vamos a ir al límite. No queremos, bajo ningún concepto, forzar nuestras articulaciones. 

Pararemos en la primera resistencia, que será más o menos el 70% de hasta dónde podrías llegar. No vayas al máximo. Cuando notes que tu cuerpo te dice “para”, hazle caso. ¿Podrías llegar más lejos? Claro, pero olvídate de tu ego y escúchate.  De todas maneras, no querrás ir más allá. 

2. No te muevas. 

Sí, este tipo de ejercicio consiste en no moverse. Cuando tu cuerpo te frene simplemente para y espera. 

Obviamente, esta norma tiene sus excepciones: 

  1. El cuerpo cede. Es decir, tu primera resistencia, eventualmente, dejará de serlo. Cuando tu propio cuerpo, sin forzarlo, te invite a profundizar en la postura, déjate llevar. 
  2. Sientes dolor: Si te duele, notas algún pinchazo, una sensación “eléctrica”. Una señal clara de que lo que estás haciendo no te está ayudando, si no todo lo contrario, retrocede o incluso abandona la postura.

 

3. Deja que pase tiempo. 

Tiempo es la palabra clave del yin yoga. Es lo que define la intensidad del ejercicio. Cuanto más tiempo, más estás trabajando. Lo normal es mantener cada asana entre tres y cinco minutos. Puede que más, si eres experimentado o algo menos si estás empezando. 

Este es otro de los motivos por el que no quieres llegar a tu límite. Simplemente, no resistirás cinco minutos si en lugar de a tu 70% te has parado en tu 100%.

 

Postura yin yoga

 

¿Qué posturas se hacen en yin yoga?

Las posturas que se practican en el yin yoga están inspiradas en asanas del hatha yoga, pero hay algunas diferencias a tener en cuenta. 

En otros estilos de yoga se insiste mucho en una determinada alineación del cuerpo. En yin nos dedicamos más a sentir, a mirar “hacia dentro” y dejarnos llevar por lo que nuestro cuerpo nos dice que es bueno para él. (Rara vez será igual una postura tuya que la de tu compañera o tu guía). 

Al no haber fuerza muscular involucrada, la mayoría de asanas tienen lugar tumbados o sentados en la esterilla y avanzamos en ella de manera pasiva, dejándonos ayudar por nuestro propio cuerpo al rendirse y por la gravedad. 

Que sea un estilo de yoga suave no quiere decir que no sea intenso. La sensación, sobre todo al principio, será de incomodidad y además… hay que aguantarla en el tiempo. El paso de los minutos dará pie a  todo tipo de pensamientos, desde ¿qué estoy haciendo?, ¡sal ya de aquí!

Una amiga y profesora de yin dice que, cuando la mente te pide que abandones la postura (siempre y cuando no te estés haciendo daño, claro)  y tu eliges permanecer es cuando de verdad haces yin yoga. 

De la mano de esto viene otra de las grandes enseñanzas del yin yoga: aprendes a estar cómoda en la incomodidad y… créeme, esa es una habilidad  que te va a resultar muy útil a lo largo de la vida. 

 

Beneficios

Aquí algunos de los beneficios de esta práctica (sí, hay más).

  •  Aumenta la flexibilidad. 
  • Fortalece las articulaciones
  • Amplia el rango del movimiento. (Algo estupendo sobre todo cuando estamos envejeciendo). 
  • Desbloquea emociones reprimidas. Nuestro tejido conectivo tiene memoria y guarda las emociones de nuestro pasado. Puede pasar que, en medio de una clase de yin, comiences a llorar sin tener muy claro por qué. No te preocupes, te estás liberando de una carga. (También es válido retroceder en la postura, la primera resistencia no siempre es física). 
  • Aprendes a escuchar tu cuerpo. Esto es aplicable a todo el hatha yoga, pero en el yin lo oyes susurrar. El tiempo en cada postura te enseña el lenguaje que tu propio cuerpo habla. Esto es muy interesante porque, normalmente, solo hacemos caso cuando «grita” ya sea en forma de dolor o de enfermedad. Piensa lo beneficioso que puede ser para tu salud entenderlo cuando apenas ha alzado la voz.
  • Favorece una actitud meditativa. Es decir, que observas tu mente sin hacerle ni caso. Eso es meditar. (Pese a lo que mucha gente piensa).

Los beneficios de esta práctica no son solo físicos. Las posturas, y muchas sesiones completas, están pensadas para equilibrar algún meridiano en concreto. 

Los meridianos, según la filosofía tradicional china, son los canales por los que circula el chi o la energía vital del cuerpo, así que también nos equilibramos energéticamente. 

 

 ¿Puedo practicar yin si nunca he hecho yoga?

Rotundamente, sí. 

De hecho, te resultará muy sencillo ya que cada clase tiene pocas posturas y, en estas, no hay una alineación correcta o incorrecta. 

No hay que ser flexible para practicar yin yoga. Esta es una creencia habitual, pero de hecho, sucede lo contrario. Gracias al yoga te volverás flexible. 

Si tienes alguna duda, dolencia o te estás recuperando de alguna lesión, es importante consultar con tu médico antes de realizar cualquier actividad física. 

Por último, el yin actúa sobre una parte muy importante de nuestro organismo y, a menudo, olvidada. Pero ten en cuenta que lo mejor es compaginarlo con otro estilo de yoga u otro tipo de ejercicio, para así conseguir el equilibrio. 

posturas yin yoga

Ahora que conoces en qué consiste la práctica de yin yoga y sus beneficios, solo te queda probarlo. En internet hay muchas sesiones disponibles pero, si vas a una clase, te sentirás acompañado y sostenido por tu guía. 

Estoy deseando leer tu experiencia. ¿Has practicado ya yin yoga?

 

 

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